Jerónimo le dice a Doña Victoria que irá a ver a la nieta de Guerra en el parque central.Calisto, la sirvienta, pasa por el salón y oye la noticia con su habitual aparato en forma de cono hecho allá por el Càucaso a fines de los 20.Agiliza el paso como si fuese la bella damicela de antaño.
Entra al cuarto de Paz que estaban con María rezando incadas. Ella lo suelta todo e introduce la parte que le faltó escuchar mejor con otra trama de su novela preferida. Solo se lamantaba de Virginia, cándida e inocente, prometida de Jerónimo, que a su vez, despedía sigilosamente a Teseo por la ventana del corredor del segundo piso.
Ya de noche, la fuente Romana era iluminada por las estrellas en torno a dos fugitivos del amor chispeante. Cosa que no se entere ni Zeus y su señora la Mercedes, que saben de todos en el barrio antes de salir de su casa. Cálida la mar del puerto de Argos.
lunes, 15 de septiembre de 2014
Argos...
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